Transéunte

11 marzo 2008

Llamó mi atención desde la mitad del puente. Sus ojos desmentían la edad que las arrugas de la cara, todo piel hundida en busca de hueso donde anclarse y castigada por la vida a la intemperie, decían tener. Yo, inmersa en mi mundo, la observé  como si fuese producto de una ensoñación.

Se acercó pidiendo de antemano perdón por su presencia, por su aspecto , por hablar conmigo, por detener mi caminar, con miedo al rechazo que pudiese provocarme, asegurando repetidamente desde lejos que no me iba a hacer daño. Paré curiosa, saliendo de mi burbuja. Se definió como transéunte y volvió a autoflagelarse, comprendiendo con antelación si decidía darle la espalda. El término me pareció poético y no dije mucho, sólo la dejé que siguiese intentando explicarse, con palabras que se pisaban unas a otras fruto del nerviosismo.

Preguntó si era de aquí, que si conocía Sevilla. Me contó que dormía cerca del Arco de la Macarena, que comía en Triana y que estaba esperando a que abrieran el comedor. Habló del frío de la noche que el sol no lograba sacar de su cuerpo menudo.  Hablaba dando rodeos, intentando retrasar por vergüenza y pidiendo perdón anticipado por el motivo que la hizo contactar conmigo. Quería tomar un café y le faltaba dinero.

No olvidaré sus últimas palabras, mientras terminaba de cruzar el puente:

“Nunca te vayas de casa”

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Una respuesta to “Transéunte”

  1. Ireninach Says:

    Uoh, ¿esto ha pasado de verdad?

    ¡¡¿Y por qué diablos escribís tan bien los que no sois yo?!! U_U


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