Sevilla oculta

15 marzo 2008

El sol ya ha caído cuando sales a la calle, de vuelta a casa. La luna creciente se sostiene en el aire cargado de azahar y dama de noche. Tu ruta será hoy distinta a la del resto de los días, pues tienes que pasar antes por la estación de autobuses.

   Mientras te diriges a una calle segura por conocida y transitada, algo te hace mirar hacia donde las farolas de forja antigua iluminan una callejuela desconocida para ti. Se abre invitando al transeúnte.

   Un raro espíritu aventurero se apodera de tu voluntad, y la certeza de que nada ha de pasarte esta noche inunda tus pensamientos. Una canción especialmente animada te impulsa a la acción desde los auriculares. Con un breve giro del cuerpo, tomas un nuevo rumbo, mientras te aseguras que es la opción  más acertada para ahorrarse unos pasos.

   Las calles empedradas se retuercen y estrechan, descubriéndose ante ti mientras las risas de un chiquillo rebotan en sus recovecos, seguidas de las palabras de su madre.

   Sabes hacia donde vas, pero no dónde podrías salir exactamente. Recorres las calles poco transitadas con placer, sin prisa, pero sin relajar el paso. El descubrimiento es lo que hace el juego emocionante. Continuamente has de asegurarte de que la calle tuerce hacia el rumbo deseado. Una calleja oscura te hace dudar, el ánimo decae, comienza el arrepentimiento. Pronto hallas que no tiene salida y has de desandar parte del camino. Pero decides seguir por otra calle unos centímetros más ancha en vez de dar la vuelta. Su nombre hace honor a las cruces incrustadas en la pared rojiza.

   De repente, la calle desemboca en una placita preciosa, aumentando el embrujo del casco antiguo a tus ojos. Tres cruces sobre columnas presiden el centro. Los faroles amarillean con su luz la escena. Tras una anotación para una futura visita, sigues tu camino. La zona comienza a sonarte, se amplían las calles y plazas, se carga el aire a azahar, el tráfico y las personas rompen el silencio de la noche. Las bicicletas comienzan a pasar fugaces a tu lado.

   Tras cumplir con tu objetivo inicial, vuelves por tus calles favoritas, llenas de gente que se abre paso como puede entre sillas y estructuras a medio montar. Y mientras Sevilla guarda entre terciopelo rojo y armazones de madera y metal sus tesoros más fotografiados por los turistas, las joyas ocultas con más celo se preparan en los santuarios un año más.

   Los naranjos acaso por acompañar o tal vez por competir con el granate de los palcos, cubren capós y suelo cual nieve tardía. Ya se anuncia la Semana Santa.

 

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Una respuesta to “Sevilla oculta”

  1. danieldominguez Says:

    Mmmm… Resulta que tenemos aquí a una artista, no sólo porque hace unas pedazo de tarjetas (la mía me ha encantado), sino además por cómo escribe. Te animo a seguir cultivando tu literatura y a hacerlo desde la profesionalidad periodística. Ahh! Se me olvidaba, también es una fotógrafa ‘del carajo’ jejeje 😉 Quedas contratada en el TI ya lo sabes!! Un besazoo!!


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